Estoy autoconvenciéndome para hacer de una vez por todas lo que siempre he querido hacer, lo que siempre he debido hacer y lo que nunca he hecho.
Perdóname, pero estaba leyendo basura, y acabo de ver una película de las que te dejan el cerebro más seco que un mes de Julio en Madrid. Debería haber optado por Humphrey esta noche, lo siento, querido, te he traicionado. Nunca más, lo prometo.
En fin, parece una fecha fantástica para dejar de hacer lo que estoy haciendo y perder el tiempo en algo que no estoy haciendo, y que quizá mereciese la pena que hiciera.
¡Soy un Galimatías!
Sigo autoconvenciéndome. Soy como esas personas terribles que no dejan de repetirse a sí mismas lo felices que son, pero que está claro que para nada podrían ser admitidas en el Grupo de Personas Felices. Se Autoconvencen.
Como yo, vaya. Quizá esa sea la razón por la que debería ir a hacer otra cosa.
Parece que mi cabeza se niega a escribir algo decente esta noche.
Mis 16 se despiden.
Mis atrofiadas neuronas también.
6205 amaneceres. Más o menos.
Siguen mereciendo la pena cada uno de ellos.
Fin del delirio.