Te sigo esperando. Estoy esperando que me llames, que demuestres que seguimos siendo aquello que solíamos ser. Pero empiezo a acostumbrarme a ese vacío que me has dejado. Ya no duele, empieza a hacer cosquillas. Ese agujero inmenso, que empieza a olvidar cómo era sentirse lleno.
LLENO.
Pero sigue vacío.
Vacío, vacío, vacío. Es un maldito hueco vacío desde hace demasiado.
Y la ventana sigue abierta.
Así que echo a volar. Una vez más.
Fin del delirio.

No hay comentarios:
Publicar un comentario