domingo, 10 de febrero de 2013

Peer Gynt.

' +¿Sabes lo que es vivir?
- No, dímelo.
+ Es volar por encima del tiempo que se desliza. Es seguir la corriente al río sin mojarse los pies y sin perder un ápice del propio yo. Sólo gracias a la fuerza de la madurez se puede ser el que se es, amiguita. Pierde el águila vieja su plumaje y la anciana comadre los dientes. Al carcamal se le arruga la piel y, a todos sin excepción, acaba por ajárseles hasta el alma. '


' + Pero deme al menos un segundo de respiro, ¿No? Estoy tan atontado... En este momento no sirvo para nada.
- ¿Usted? ¿El que ha interpretado el oráculo de la Esfinge? ¿El que encontró su yo?
+ Sí, yo. Ahí reside precisamente la dificultad. Aunque yo sea yo de pies a cabeza y por encima de todo, no sirve de nada ahora. Aquí, si no me engaño, todos y cada uno de nosotros estamos fuera de nosotros mismos...
- ¿Fuera? Se equivoca usted de parte a parte. Aquí, al contrario, cada cual tiene su yo. Aquí reina el yo de cada uno. Y cada uno se encierra en su yo como en una barricada. Entre la madera, el yo adquiere madre, sí. El tonel está cerrado herméticamente y el yo fermenta en su interior. Y sus tablones también envejecen adecuadamente en las bodegas del yo... Nadie solloza por males ajenos; nadie concibe las ideas de los demás. Cada cual es él mismo tanto en pensamiento como en conducta, nosotros mismos desde las uñas de los pies hasta las puntas de los cabellos. Nosotros mismos hasta no poder más... Y si necesitamos un emperador, si alguien debe apoltronarse en nuestro trono, usted es el hombre indicado. La cosa no puede ser más evidente. '
Henrik Ibsen.

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