Cambio de acera. Subo escalones, avanzo por el paso peatonal que atraviesa la carretera. Me detengo en el mismo punto de siempre.
Admiro el cuadro que ese pintor desconocido pintó de fondo. Ese cuadro al que llamó "Madrid".
"Parecía más hermoso cuando lo admiré contigo" Pienso.
Continúo sobrevolando el asfalto. Bajo las escaleras. Sonrío a los Oficinistas que se amargan la existencia detrás de las vidrieras de su Oficina. "Nunca trabajaré en una jaula de cristal" Pienso también.
Entonces me fijo en esas gafas y en esos bigotes de 'Modernito' que están pintados debajo del puente.
Sonrío otro poquito.
Entonces llego por fin a la parada del autobús.
Me fijo en la gente que espera, paciente e impacientemente, al autobús.
Hay una personita que me llama la atención. Tiene un gorro que le protege del frío, y aproximadamente seis primaveras. Y lo mira todo con los ojos muy abiertos.
Va con su hermano mayor. El hermano, por supuesto, también puede ser descrito como 'Modernito' , sudadera de marca, esas zapatillas que se llevan tanto, pelo en la cara.
Llega la Oruga que va a devolvernos a casa, y embarcan justo delante de mí.
Avanzan hasta la parte intermedia del autobús, y yo también, pues están todos los sitios ocupados, y además, quiero conocer un poco más a esa personita.
Pero he aquí que la personita tropieza con uno de mis pies en un frenazo, cayéndose al suelo. Raudo, se levanta, se gira y me propina un puñetazo con todas sus fuerzas en la tripa.
Abro mucho los ojos.
¡Qué puñetazo!
No puedo más que echarme a reír, mientras que el hermano 'Modernito' aleja a la personita de mí.
Sigo riéndome.
El pequeño evita mirarme, pero cuando lo hace, le saco la lengua.
Se sonroja, y aparta la mirada rápidamente.
No puedo dejar de sonreír.
¡Vaya con la personita!
El resto del trayecto transcurre sin incidentes. Entonces llegamos a un barrio viejo de Madrid, y la personita desembarca, girándose, mirándome y sonriéndome. Le sonrío y le digo adiós con la mano.
Sigue mirándome. Parece haber decidido que mejor somos amigos.
La Oruga arranca, y les deja allí, en la acera, a su hermano el 'Modernito' y a él, con unos ojos llenos de inocencia y de verdad, la clase de ojos que el Mundo no ha desgastado todavía.
Fin del trayecto.
Fin del delirio, también.
No hay comentarios:
Publicar un comentario