martes, 30 de abril de 2013

Mi pequeño jardín.

Vaya, qué abandonado está mi pequeño jardín. La hiedra ha saltado de su macetero y se ha extendido por todas partes. Las malas hierbas asoman entre las baldosas del caminito. Todo lo que antes era orden y autocontrol, ahora es desorden y naturalidad. Las flores se muestran en un estado de salvaje belleza, mucho más hermosas de lo que podrían haber sido si algún jardinero hubiese metido sus tijeras de podar.
La vida ha proliferado desde que nadie molesta a mi pequeño jardín. Desde que es él, sencillamente. Y desde que ese extraño se pasea por aquí, sin molestar, susurrando al oído de las flores.

Fin del delirio.