Como si de magia se tratase, el Viento le ha arrebatado algunas florecillas al Cerezo que vive delante de la parada del autobús. Yo estaba esperando tranquilamente a mi Oruga cuando ocurrió el crimen. Presencié con una impasibilidad propia de un témpano de hielo como esa ráfaga de aire robaba los primeros vestidos de la Primavera.
Las flores, de un dulce color rosa pálido, se deshacían con el contacto de los dedos del Gigante Invisible que parecía quererlas sólo para sí mismo. Los pétalos se dejaron llevar, gráciles, ligeros, lejos del hogar. Me pregunto si mis ojos serán los únicos que se han encogido, asombrados por la dulzura de la caricia del viento. Una caricia terriblemente parecida a la tuya.
Le Printemps. El tiempo primero, el tiempo de las flores, de la vida. De empaparse bajo la lluvia.
Es el tiempo de Nacer Otra Vez.
Fin del delirio.
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