lunes, 2 de julio de 2012

Sonrisa.

Las lucecitas de alguna gran ciudad brillan a lo lejos. Titilan, suaves, hermosas, pero no eternas.
Para ver algo que estará colgado del cielo por siempre solo tengo que elevar un poco la vista.
Lo eterno y las cosas que tienen fecha de caducidad unidos por la fina línea del horizonte. 
Que hermoso el mundo tras la ventana. Así de lejos no da miedo.
Sólo son suaves luces que titilan al ritmo de la música inaudible que compone la vida en sus ratos libres.
Suspiro de princesa.
Vaya, yo no soy una princesa.
Carcajada de loca.
Eso está mejor. 
Sonrisa.


Fin del delirio.

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