Erase una vez, en un mundo loco, enfermo y absurdo, una humanidad deshumanizada.
Destruían, odiaban, mataban, corrompían, y desvirtuaban todo lo que encontraban a su paso. No creían que las cosas buenas de las que estaban hechos mereciesen la pena. No se recordaban lo suficiente lo hermosos que eran los unos a los otros.
No creían en sí mismos.
No se daban cuenta de que podían brillar con luz propia.
De que podían ser Hombres Bombilla, iluminándose los unos a los otros.
No sabían valorar la grandeza de su existencia.
La razón de su ser, oculta en los demás.
Terrible, pero cierto.
Firmado:
Una Mujer Bombilla.
Fin del delirio.
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