No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy, y menos si tienes sueño. Porque la vida no son dos días, es uno, y ya llevamos la mitad.
Puede que el cupo de abrazos, besos y alegrías se acabe algún día, pero hasta entonces merece la pena vestirse de sonrisas siempre que se pueda.
Porque es horrible saber que algo se acabará, te guste o no.
Porque con más razón hay que disfrutarlo el doble.
Porque la pena nunca vale la pena.
Porque hay que sacar sonrisas, aunque haya que coserlas, me dijeron una vez.
Y porque quiero, joder, que para lamentarte puedes ir a África a ver niños morirse de hambre.
Fin del delirio.
No hay comentarios:
Publicar un comentario