sábado, 1 de septiembre de 2012

Fantasmas.

Estoy en una casa en la que han saqueado hasta los recuerdos.
Paredes y suelos desnudos, marcos sin su fotografía, desolación guardada en los cajones.
Sólo queda lo que los carroñeros no han querido llevarse. Eso, y los fantasmas.
Fantasmas de personas más buenas y felices que nosotros, como solo las pueden apreciar los ojos de un niño, con rostros sonrientes, atiborran los pasillos, los salones, la cocina, los dormitorios.
Vaya, parece que esos carroñeros sí han dejado algún recuerdo.
Ahora mismo, celebran la Navidad, todos sentados en torno a la gran mesa del salón, sonriendo. Coexistiendo en la más perfecta armonía. En la habitación del fondo, los niños juegan.
Las situaciones cambian, se suceden, toda una vida encerrada en fantasmas, fantasmas encerrados en una casa.
Una casa que, en el fondo, ya no es más que un recuerdo.


Fin del delirio.

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