Queda tan bonito escribir frases acerca de los sueños, la vida y cómo cumplirlos... Te hacen parecer la chica diez. Hacen que te sientas especial, por encima.
Me gustaría escribir aquí mi historia. Y es que me siento tan poco especial por tu culpa, que cualquier día me olvidaré de respirar y todo esto no habrá sido más que un mal trago. Me siento tan vulgar, deshechada. Me siento tan desgraciada por haber tenido todo lo que tuve y estar ahora sola, vacía, sin ganas de nada. Me siento sumamente estúpida por escribir esto aquí, pero es que tengo ganas de subirme a la montaña más alta que encuentre y gritarle al mundo entero que me duele.
Que me duele horrores tu sonrisa.
Que me duele tanto que no quiero seguir adelante.
Que no entiendo por qué ha tenido que pasar esto.
Que quiero gritar, pero me has quitado la voz.
Que odio a la persona que me mira desde el otro lado del espejo. Seguro que ella tiene la culpa de que dejase de ser la razón de tu sonrisa.
Dos días.
Nos quedaban dos estúpidos días de felicidad intensa, como todos los anteriores. No te pedía más. Lo juro. Juro que podría haberlo aceptado despues. Cualquier cosa. Porque para entonces habría dicho todo lo que tenía que decir. Pero me dejaste con la palabra en la boca con tu silencio.
Me doy tanta rabia, tanto asco, me siento tan sumamente estúpida que no creo que pueda volver a mirarte a los ojos nunca más. Son demasiado bonitos. Y antes sonreían gracias a mí.
Y cuando tengo ganas de abandonar, pienso en la gente que se muere de hambre. En los niños a cuyos padres han asesinado. En la gente que ha tenido que vender su dignidad y sus derechos para sobrevivir. Y entonces me doy más asco todavía, porque me siento muy desgraciada, la persona más desgraciada del mundo, y no lo soy.
Tendría que estar muriéndome de hambre en Sierra Leona yo también.
Me has convertido en todo lo que siempre he odiado y criticado,
pero es que ahora solo tengo ganas de mirar al cielo y gritar muy alto.
Cuando te ví con aquella otra chica, al lado del autobús, diez minutos antes de que me marchara y tuviesemos que separarnos hasta sabe dios cuando habría dado la vuelta y habría hechado a correr hasta morir de cansancio. Pero no pude. Solo podía quedarme ahí, mirando como se me escapaba la felicidad.
No hacen más que repetirme que no mereces la pena. Que no te mereces mis lágrimas.
Eso es porque creo que nunca te han visto sonreir como cuando nos vimos de nuevo.
Y ahora no quiero volverte a ver, porque me haces sentir tan poco valiosa y tan triste que me escondería del mundo para siempre.
Hoy he visto el lugar donde me escondía en casa de mi abuelo. Es un rincón entre un sofá, la estantería de los CD de Karajan y la pared.
Por un momento he pensado en lo mucho que me gustaría esconderme ahí de nuevo y esperar a que vinieses a buscarme.
Luego he caído en la cuenta de que no vendrías nunca.
Me voy a dormir. Si tengo suerte puede que sueñe contigo y con esos días maravillosos que me hiciste vivir. Ahí todavía podemos estar juntos.
Fin del delirio.
Me gustaría escribir aquí mi historia. Y es que me siento tan poco especial por tu culpa, que cualquier día me olvidaré de respirar y todo esto no habrá sido más que un mal trago. Me siento tan vulgar, deshechada. Me siento tan desgraciada por haber tenido todo lo que tuve y estar ahora sola, vacía, sin ganas de nada. Me siento sumamente estúpida por escribir esto aquí, pero es que tengo ganas de subirme a la montaña más alta que encuentre y gritarle al mundo entero que me duele.
Que me duele horrores tu sonrisa.
Que me duele tanto que no quiero seguir adelante.
Que no entiendo por qué ha tenido que pasar esto.
Que quiero gritar, pero me has quitado la voz.
Que odio a la persona que me mira desde el otro lado del espejo. Seguro que ella tiene la culpa de que dejase de ser la razón de tu sonrisa.
Dos días.
Nos quedaban dos estúpidos días de felicidad intensa, como todos los anteriores. No te pedía más. Lo juro. Juro que podría haberlo aceptado despues. Cualquier cosa. Porque para entonces habría dicho todo lo que tenía que decir. Pero me dejaste con la palabra en la boca con tu silencio.
Me doy tanta rabia, tanto asco, me siento tan sumamente estúpida que no creo que pueda volver a mirarte a los ojos nunca más. Son demasiado bonitos. Y antes sonreían gracias a mí.
Y cuando tengo ganas de abandonar, pienso en la gente que se muere de hambre. En los niños a cuyos padres han asesinado. En la gente que ha tenido que vender su dignidad y sus derechos para sobrevivir. Y entonces me doy más asco todavía, porque me siento muy desgraciada, la persona más desgraciada del mundo, y no lo soy.
Tendría que estar muriéndome de hambre en Sierra Leona yo también.
Me has convertido en todo lo que siempre he odiado y criticado,
pero es que ahora solo tengo ganas de mirar al cielo y gritar muy alto.
Cuando te ví con aquella otra chica, al lado del autobús, diez minutos antes de que me marchara y tuviesemos que separarnos hasta sabe dios cuando habría dado la vuelta y habría hechado a correr hasta morir de cansancio. Pero no pude. Solo podía quedarme ahí, mirando como se me escapaba la felicidad.
No hacen más que repetirme que no mereces la pena. Que no te mereces mis lágrimas.
Eso es porque creo que nunca te han visto sonreir como cuando nos vimos de nuevo.
Y ahora no quiero volverte a ver, porque me haces sentir tan poco valiosa y tan triste que me escondería del mundo para siempre.
Hoy he visto el lugar donde me escondía en casa de mi abuelo. Es un rincón entre un sofá, la estantería de los CD de Karajan y la pared.
Por un momento he pensado en lo mucho que me gustaría esconderme ahí de nuevo y esperar a que vinieses a buscarme.
Luego he caído en la cuenta de que no vendrías nunca.
Me voy a dormir. Si tengo suerte puede que sueñe contigo y con esos días maravillosos que me hiciste vivir. Ahí todavía podemos estar juntos.
Fin del delirio.
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