Despierta.
Se pliega sobre sí mismo, inspira, se despliega. Sonríe triunfante, y manda sus largos dedos contra la arena de la playa. Se confunde en un torbellino de espuma, da de respirar a millones de formas coloridas. Entonces mira hacia arriba. Más azul.
Sonríe.
Sigue buscando.
Porque, a pesar de ser Mar, Océano o Gran Azul, la cuna de la vida se siente sola.
Por eso, cuando dejas que las olas moribundas acaricien tus pies, puedes sentir cómo desea que le sigas. Cómo desea que vayas con él.
Azul, azul, azul.
Fin del delirio.
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